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lunes, 31 de octubre de 2011

Dictadura del proletariado y sociedad comunista; aproximación a través de "Tierra y Libertad" y "Rojos"


Acabamos con Diálogo entre un socialista y un anarquista, y en general, bien. Todos los trabajos entregados, muchos ya publicados por los grupos, y realizando las interpretaciones, todos los días una en clase.

Cuando estudiamos este tema, básicamente las dificultades las tenemos con la obra teórica de Marx y Engels, su interpretación de la historia, materialismo histórico, y especialmente con su diagnóstico de qué ha de hacer el proletariado (trabajadores con conciencia de clase y organizados para luchar contra el capitalismo) en caso de triunfar la revolución obrera. Aquí nos hemos "tropezado" con el concepto de dictadura del proletariado esa situación prevista por Marx según la cual, en caso de triunfo de la revolución obrera, para derrotar definitivamente al capitalismo y el poder de la burguesía, por excelencia clase poseedora del capital, sería necesario que las organizaciones (partidos, sindicatos...) del movimiento obrero ocupasen el propio poder e "impusiesen" un nuevo orden, caracterizado básicamente en lo económico en la propiedad estatal de los medios de producción (tierras, fábricas...). Así lo hemos "simplificado", y además lo hemos contrapuesto con la visión anarquista de "inmediata" supresión del estado como forma de eliminación del capitalismo y el estado burgués nada más triunfar la revolución obrera. De hecho es ésta la diferencia más básica, "radical", entre el socialismo marxista y el anarquismo, tal como lo hemos visto en clase.

Y señalamos "inmediata" supresión del estado -desde el análisis anarquista- porque según Marx, la dictadura del proletariado, la ocupación por parte del estado por las organizaciones obreras, sería una situación "transitoria". Al final se produciría, tras la dictadura del proletariado, el surgimiento de una nueva sociedad profundamente igualitaria, sin dominación de unos sobre otros y, obviamente, sin clases sociales: la sociedad comunista. El estado como forma de organización y dominación de la sociedad también desaparecería... Dicho de un modo simplificado al nivel de exigencia académica en el que nos desenvolvemos, para los socialistas marxistas, la sociedad comunista es la meta final de desarrollo histórico de la dictadura del proletariado, un tipo de sociedad que los anarquistas, extremadamente contrarios a las formas de organización social no basadas en la libre determinación de los individuos, creen conveniente y posible desarrollar nada más acabar con el capitalismo a través de la revolución obrera.


Eso dijeron, de modo muy simplificado, los teóricos del siglo XIX, básicamente Marx y Engels para el socialismo, Bakunin para el anarquismo. Bien, ya surgió la duda en clase -muy lógica- de preguntarnos qué pasó finalmente. ¿Ha habido alguna experiencia de revolución obrera exitosa? Una vez producida ésta, ¿ha habido alguna experiencia de supresión inmediata del estado por parte de los anarquistas?, ¿de dictadura del proletariado conforme a los planteamientos de Marx-Engels? El curso dará para aportar respuestas a estas preguntas, pero ya podemos adelantar algo porque lo sabemos de cursos anteriores y lo hemos trabajado en parte ya en clase. Experiencias de revoluciones obreras que han acabado con una experiencia de organización social conforme a principios anarquistas hay pocas, pero alguna sí ha habido, por ejemplo en la España republicana durante la Guerra Civil. La película Tierra y Libertad (Loach, 1995) aporta un estupendo retrato de cómo en algunos pueblos de Aragón los anarquistas fueron capaces de crear comunidades autogestionarias. Experiencias de implantación de dictadura del proletariado, obviamente, hay muchas más. El mejor ejemplo (paradigma) de ello es la Revolución de Octubre en Rusia (1917), que acaba siendo la base de la toma del poder por parte de los soviets y el establecimiento final de la Unión Soviética bajo el control de los bolcheviques (comunistas, facción del movimiento socialista marxista). La película Rojos (Reds, Beatty, 1981), sobre la que desarrollaremos en próximas semanas un interesantísimo trabajo a través de una Webquest, nos puede ayudar a conocer y vivir muy de cerca las circunstancias de una revolución obrera socialista y la implantación final de una dictadura del proletariado.  Sin duda la URSS fue una experiencia de dictadura del proletariado, modelo que también se desarrolló a lo largo del siglo XX en algunos otros estados, muchas veces bajo la presión o la influencia de la URSS. Pero, contraviniendo el planteamiento originario de Marx, no hay experiencia histórica conocida de tránsito de dictadura del proletariado a sociedad comunista. Más bien, allí donde ha habido una dictadura del proletariado (comunista), la estatalización no ha ido a menos sino a más, y la construcción de una sociedad sin clases sociales, basada en la igualdad, que superase definitivamente el concepto de propiedad y que hiciese innecesario el estado, en la práctica, no se ha dado.

jueves, 20 de octubre de 2011

Seguimos con "Diálogo entre un socialista y un anarquista", y aprendemos con "La Huelga", de Eisenstein


Avanzamos con la redacción del guión de nuestras interpretaciones de Debate entre un socialista y un anarquista, la tarea colaborativa que nos ocupa estos días en clase de Historia del Mundo Contemporáneo. Hemos interpretado ya la introducción de nuestras producciones y, a partir de mañana, una por sesión de clase, cada uno de los ocho grupos irá haciendo la interpretación. Seguiremos mientras tanto en clase profundizando nuestros conocimientos sobre el movimiento obrero, sus corrientes principales (socialismo utópico, socialismo marxista, anarquismo...) y su organización (sindicatos, partidos políticos, Internacionales...).

Entre interpretación e interpretación, exposición y aclaración de contenidos, veremos fragmentos de películas de cine. Y, tras Germinal, volvemos al cine clásico en blanco y negro, a una película de cine mudo La Huelga (1924), del genial director de cine soviético Eisenstein. Veremos más adelante fragmentos de algunas otras de sus películas, particularmente de Acorazado Potemkin (1925) y Octubre (1927), cuando estudiemos la Revolución Rusa, pero ahora nuestra atención se va a centrar en una película, La Huelga, donde se recurre a un lenguaje simbólico de fortísima carga psicológica para promover la conciencia de clase entre los obreros, claro está, desde una perspectiva de análisis marxista. El mensaje inicial de la película, una cita de Lenin, es una invitación muy directa a la organización del proletariado (obreros con conciencia de clase) para luchar contra el orden capitalista y burgués. La huelga es un instrumento y el objetivo inmediato es lograr el triunfo de la revolución obrera. Einsenstein, que trabajó al servicio de la propaganda soviética pero que también conoció el Hollywood de los años 30 del siglo XX, podemos vincularlo, como creador, a la línea más ortodoxa del pensamiento marxista (comunista, leninista...). Todavía no nos hemos adentrado en estas disquisiciones ideológicas, pero aquí ya las apuntamos, como una primera aproximación... Compartimos la producción, sus primeros y últimos minutos, a partir de la publicación libre que de éstos se hace en un canal de youtube.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Cae el telón de acero: la Rumanía de Ceausescu y su ajusticiamiento


El régimen comunista de Rumanía celebraba su fiesta nacional el 23 de agosto. Como es habitual en los regímenes totalitarios y dictatoriales, con independencia de su orientación ideológica, este tipo de celebración era motivo para el desarrollo de una gran concentración de masas y culto a la personalidad del líder, en este caso Nicolae Ceausescu. Las imágenes que vemos en el vídeo anterior se corresponden a la de 1986.


Estos días celebramos la caída del Muro de Berlín, hace de eso 20 años. A lo largo de 1989, al calor de la Perestroika, los regímenes comunistas de Europa del Este fueron cayendo y dando paso a regímenes democráticos. Algunos estados, como Alemania Oriental, se resistieron, pero la transición fue relativamente pacífica. La gran excepción la constituyó Rumanía. Los Ceausescu eran los verdaderos amos de un país donde el Partido Comunista Rumano había impuesto una férrea dictadura desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque Ceausescu en cierta medida alejó la política exterior de su régimen del impuesto por la URSS, a diferencia de otros estados del bloque soviético, eso no supuso que fuera precisamente un modelo de eficacia: al contrario, probablemente pocas sociedades sufrieron más y peor las penalidades de la escasez de alimentos -pese al lujo asiático del que se hizo rodear la familia dirigente lejos de la vista de sus conciudadanos-, la censura, el ejercicio sistemático y sórdido de la violencia política contra los disidentes, realizada por su policía política (Securitate).
En plena descomposición del bloque comunista, Ceausescu convocó una manifestación de adhesión a su régimen en Bucarest el 22 de diciembre de 1989 que, de hecho, se convirtió en el pistoletazo de inicio de la revolución popular en la capital, tras varios días de desórdenes públicos iniciados en Timisoara. En medio de la manifestación, los Ceausescu lograron huir de forma rocambolesca por medio un helicóptero, pero todo fue inútil. Capturados pocas horas después, fueron sometidos a un juicio sumarísimo -y grotesco- a manos de oportunistas miembros del régimen que en último momento le dieron la espalda. Ambos fueron condenados a muerte y ajusticiados.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La película "Katyn": una mirada a los crímenes estalinistas

Hace unos días llegó a las carteleras españolas Katyn (Andrzej Wajda, 2007). Se trata de una película polaca que aborda uno de los primeros grandes crímenes de la Segunda Guerra Mundial: el asesinato de al menos unos 4.100 polacos, en su gran mayoría oficiales del ejército polaco, en el bosque de Katyn, acaecido en la primavera de 1940. Acordada la división de Polonia entre la Alemania y la URSS gracias al Pacto secreto germano-soviético (agosto de 1939), nazis y soviéticos invadieron y dividieron el país en dos zonas de ocupación. Stalin, máximo dirigente soviético del momento, decidió la eliminación de buena parte de los prisioneros polacos en poder del Ejército Rojo. Su brazo ejecutor fue el comisario Beria. No fue el de Katyn la única masacre de los soviéticos en Polonia. Muchos prisioneros, no sólo militares, sino también intelectuales, dirigentes políticos nacionalistas…, fueron asesinados en otras actuaciones. En total se estima que los eliminados en el conjunto de tres masacres acaecidas en la primavera de 1940 se sitúa en torno a los 25.000 ciudadanos polacos.

En 1941 la situación política cambió y la URSS fue invadida a traición por los nazis. Dos años después, en 1943, los alemanes hicieron pública la existencia de las fosas comunes en Katyn. Inmediatamente las autoridades nazis culparon a los comunistas soviéticos y aprovecharon el crimen para lanzar una intensa campaña propagandística anticomunista: el documental que aquí podemos ver, del régimen de Vichy (franceses colaboracionistas), es un buen ejemplo. También Franco envió a un representante, Giménez Caballero, quien dio testimonio público del crimen a través de un libro: La matanza de Katyn (visión de Rusia). Los soviéticos negaron cualquier responsabilidad en los hechos pero su testimonio no fue creíble, especialmente para el gobierno polaco en el exilio –en Londres-, que rompió relaciones con Moscú. Churchill, conocedor de la autenticidad del hallazgo y la imputación hecha por la Alemania nazi, por conveniencia bélica, prefirió dar credibilidad a la versión soviética.

El final de la Segunda Guerra Mundial, con la total ocupación soviética de Polonia y posterior establecimiento de un régimen dictatorial comunista, tuvo el efecto de prorrogar durante décadas el reconocimiento soviético del crimen. En los Juicios de Nuremberg, la farsa soviética llevó a que se intentara procesar a algunos oficiales nazis por el hecho, aunque finalmente no fue tomado en cuenta y no hubo ninguna condena por los hechos. Ni siquiera la desestalinización de los años cincuenta permitió que Moscú asumiera su responsabilidad. Eso sucedió en 1990, ya acabada la Guerra Fría. Se desclasificaron documentos secretos soviéticos y nuevas fosas comunes fueron localizadas y sus cadáveres, en algunos casos, exhumados.