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sábado, 12 de junio de 2010

Hace 25 años: firma del tratado de ingreso de Portugal y España en la CEE; y del "iberismo" que avanza

Estas imágenes fueron las del año 1985 en España: en el Palacio Real de Madrid el Gobierno español firmaba el tratado de ingreso (Acta de Adhesión) de nuestro país en la entonces CEE (Comunidad Económica Europea), antecesora de nuestra actual Unión Europea. Fue en la tarde noche del día 12 de junio. Esa misma mañana, en Lisboa, Portugal también había suscrito formalmente su adhesión en un acto solemne. Portugal y España se convertían en los socios undécimo y duodécimo de un proyecto ya bastante avanzado de integración política y económica de Europa. Hoy en dos actos oficiales, uno en Lisboa, otro en Madrid, se conmemora la efemérides.

La España y la Portugal de entonces eran bien distintas a las actuales. Ambos estados ibéricos apenas hacía una década habían dejado atrás un pasado dictatorial y se abrían paso hacia un futuro democrático y de prosperidad junto a las principales naciones del occidente europeo. La Europa de entonces también era diferente. Aún sobre nuestro continente se cernía la Guerra Fría y muchos pueblos y naciones del este seguían, tras décadas, alejados del futuro común compartido ya por los europeos de libertad, democracia y progreso material.

25 años después, más allá de las incertidumbres y los problemas actuales que sufren ambas sociedades en la actualidad, resulta evidente la valoración extraordinariamente positiva de los efectos políticos, económicos y sociales del ingreso. Fondos europeos ayudaron a modernizar de forma acelerada sus estructuras productivas económicas; un sistema de valores más liberal y democrático se afianzó, tanto en el terreno de la iniciativa económica como en la construcción colaborativa de bases sólidas del estado del bienestar. Y algo aún más importante, tanto Portugal como España han contribuido al proceso de construcción europeo con decidido entusiasmo; también han acercado a la vieja Europa las realidades de América Latina a partir de los estrechísimos lazos de las antiguas metrópolis con los pueblos y estados de la región.

A fecha actual el iberismo, la propuesta política de unión entre España y Portugal a través de una federación, es un movimiento defendido por parte de las élites culturales de ambos estados y una parte muy importante de la población portuguesa y de regiones limítrofes españolas. Prácticamente la mitad de los portugueses y un tercio de los españoles estaría claramente a favor de un tipo de unión política. La realidad es que los vínculos económicos, sociales y culturales son cada vez más intensos, incluso en España donde históricamente se ha visto con más reticencia la colaboración. El proceso de construcción europeo puede dar un impulso decisivo a ese proceso entre dos estados y dos pueblos vecinos y amigos con un pasado profundamente común en la península Ibérica y los archipiélagos atlánticos. Entre quienes ya han apuntado la necesidad de esa integración libre y compartida: José Saramago.

domingo, 25 de abril de 2010

Hace 36 años de la Revolución de los claveles; y de la caída del Salazarismo

Portugal tiene una historia del siglo XX marcada por el salazarismo, una dictadura reaccionaria que marcó aún más si cabe la situación de retraso social y económico que vivía el país. Aunque Oliveira Salazar murió en 1970, la dictadura se prolongó aún cuatro años más. Hace justo 36, una sublevación militar de oficiales del ejército y con amplio apoyo popular derrocaron el régimen y dieron paso a un proceso revolucionario que, meses después, desembocó en la celebración de unas elecciones y el establecimiento de un régimen democrático parlamentario. Hace apenas unos meses Historia_a_por_todas trató con cierto detenimiento la conocida como Revolución de los Claveles.
La dictadura salazarista se caracterizó por su carácter autoritario y conservador. Se asentó en el firme apoyo de la alta burguesía, parte de las clases medias, los propietarios rurales y la Iglesia, y la indiferencia resignada de una población que en su mayoría era pobre. Resuelto y fiel aliado de Gran Bretaña, Salazar supo dar una apariencia de democracia formal a un régimen autocrático que asumió algunos elementos del corporativismo fascista. Discreto aliado de Franco, apoyó a éste durante la Guerra Civil.
Como podemos ver a través de los documentales oficiales de la época, Salazar supo dar a su régimen una apariencia de modernización tecnocrática, que apenas podía disimular el gran atraso que sufría el país en comparación con el resto de Europa. Las guerras coloniales, en Ángola, en Mozambique, en Guinea..., debilitaron sobremanera al régimen salazarista si bien la caída de éste fue posterior a la muerte de su fundador y máximo dirigente.

domingo, 4 de octubre de 2009

De la "Revolución de los claveles" a las elecciones democráticas en Portugal

Hemos iniciado hace unas semanas una serie dedicada a las elecciones democráticas en España, desde la Transición hasta nuestros días. Ya hemos abordado algunas citas y seguiremos, claro que sí, pero hoy vamos a hacer un pequeño paréntesis y desplazar la mirada a nuestro país vecino y amigo: Portugal.


Igual que España, Portugal sufrió una larga dictadura, que se prolongó desde 1926 hasta 1974, conocida bajo la expresión Estado novo. A diferencia de aquí, la democracia en Portugal llegó a través de una ruptura, por medio de una revolución popular iniciada por un golpe militar, el que protagonizaron jóvenes oficiales –muchos de ellos capitanes- contra el régimen dictatorial. La señal para el inicio de las operaciones fue la emisión de una canción de José "Zeca" a través de Radio Renascença, Grândola, Vila Morena. La revolución triunfó de forma inmediata, con únicamente 4 muertos, el 25 de abril de 1974. Una interesante película, Capitanes de Abril (María de Medeiros, 1999), relata estos acontecimientos. Entre los actores, el español Fele Martínez.

Una vez llegaron al poder en Portugal los militares, se inició un proceso constituyente, no exento de algunas tensiones. Finalmente se aprobó en referéndum la actual Constitución de la República de Portugal, la de la Tercera República, actualmente vigente. Las primeras elecciones democráticas, ya constitucionales, para la Asamblea de la República –Portugal es uno de los pocos estados con parlamento unicameral en Europa-, se celebraron el día 25 de abril de 1976. Y desde ahí, hasta ahora. De hecho, la pasada semana Portugal celebró sus ultimas elecciones legislativas, en las que el Partido Socialista revalidó la victoria obtenida en 2005 con el primer ministro Socrates, esta vez con mayoría relativa.


La campaña, muy intensa, estuvo dominada en parte por una polémica sobre el apoyo portugués a la red de trenes de alta velocidad con España. El sistema de partidos en Portugal está dominado desde hace años por la existencia, igual que la mayoría de los países europeos, de dos grandes fuerzas políticas que se alternan en el gobierno: el Partido Socialista (PS, de centro-izquierda) y el Partido Socialdemócrata (PSD, de centro-derecha. A este último partido pertenece el presidente de la República, Anibal Cavaco Silva, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.