sábado, 16 de agosto de 2014

Nuevos estados europeos del siglo XX: de la Grecia del Régimen del 4 de agosto y del Estado Helénico


La serie “nuevos estados europeos del siglo XX” que es posible seguir en entradas de nuestro blog en los veranos pasado y presente, en esta ocasión, repara en la relación existente entre el ascenso del movimiento neonazi (Amanecer Dorado) en la Grecia actual, acosada por la crisis del euro, y los precedentes históricos no muy conocidos de instauración en el país de regímenes políticos de orientación fascista entre 1936 y 1941 (Régimen del 4 de agosto o Tercera civilización helénica), una dictadura liderada por Metexás, y otro posterior colaboracionista con el Eje (Estado Helénico), entre 1941 y 1944.


El ascenso del fascismo en Italia (años veinte) y Alemania (nazismo, años treinta) al poder impulsó el desarrollo de movimientos de similares características en casi todos los países europeos. Grecia no fue, en este sentido, una excepción. El 4 de agosto de 1936 -pocos días después del inicio de la Guerra Civil en España- el general Metexás dio un autogolpe de estado desde su puesto de Primer ministro (jefe de gobierno) con el apoyo del rey Jorge II. Metaxás fue visto por un sector muy amplio de la oligarquía griega como un protector de su posición de dominio económico y social, frente al ascenso político y electoral del partido comunista.

El régimen de Metexás adoptó medidas y formas de organización típicamente fascistas, entre las que destacó el cierre del parlamento y la desaparición del pluripartidismo. Aunque hubo algunas organizaciones de inspiración fascista y el régimen adoptó un modelo de organización socioeconómica corporativista, el fascismo griego no destacó precisamente por su antisemitismo. Sí fue fuertemente represivo y de carácter marcadamente autoritario, pero no expansionista. De hecho, tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Metaxás mantuvo una posición de prudente neutralidad. Pesó sin duda el precedente de alianza política con Reino Unido y los intereses económicos de gran parte de la burguesía griega con los países aliados. Los italianos, disconformes con la política griega de Metaxas de oposición a su expansionismo en el Mediterráneo, especialmente en la costa del Adriático, aprovecharon la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial en 1940 para atacar a Grecia: guerra greco-italiana. Los griegos, contra pronóstico, pudieron oponerse de forma eficaz a la invasión italiana de tal suerte que finalmente tuvieron que ser los alemanes los que se vieron en la necesidad de intervenir en ayuda de Mussolini. La operación Marita, en abril de 1941, acabó con la ocupación de Grecia por el Eje y la consiguiente caída del Régimen del  4 de agosto. La limitada importancia de Grecia como país objeto de explotación económica por parte de la Alemania nazi influyó de modo decisivo en la división del territorio con las otras dos potencias invasoras (Bulgaria, Alemania e Italia). El Eje, igual que en otros países ocupados, impuso un régimen colaboracionista, el Estado Helénico, donde el margen de autonomía de las autoridades locales fue relativamente alto según avanzó el periodo de dominación.

Reparto de Grecia entre las potencias del Eje en la 2ª Guerra Mundial.
Fuente: Wikipedia

Una parte numerosa de la Grecia conservadora se opuso o mantuvo una posición de escasa colaboración con los invasores. El rey Jorge II se exilió y su gobierno monárquico liberal-conservador tuvo reconocimiento oficial aliado. No obstante, en el territorio griego, su influencia real era mínima. Fue básicamente la milicia comunista la que mantuvo la resistencia frente a la invasión. Los tres gobiernos títeres, liderados por Tsolákoglu, Logothetopoulos y Rallis, estuvieron constituidos básicamente por militares germanófilos y algunos altos funcionarios del estado. Consintieron, cuando no aplicaron directamente a través de sus propios recursos, medidas represivas. El antisemitismo del III Reich también afectó a los judíos de Grecia y muchos fueron deportados a campos de concentración y exterminio. Al producirse la liberación aliada de Grecia, la sociedad siguió profundamente dividida y tampoco los vencedores tenían un plan claro de futuro político de país. Las diferencias entre monárquicos -que lograron el restablecimiento de la monarquía con Jorge II- y los comunistas acabaron desembocando en una cruenta guerra civil que, en buena medida, puede considerarse como uno de los primeros conflictos de la Guerra Fría.