lunes, 18 de agosto de 2014

Nuevos estados europeos del siglo XX: la Ciudad Libre de Dánzig


En la serie que nos ocupa en Historia_a_por_Todas dedicada a nuevos estados del siglo XX, hoy nos detenemos en un caso muy singular: la Ciudad Libre de Dánzig. Aunque su denominación oficial completa fue la de Ciudad-estado Libre de Dánzig, no fue en sentido estricto un estado y menos aún un estado independiente. Esta entidad política territorial surgió como una fórmula de compromiso entre Alemania y Polonia al concluir la Primera Guerra Mundial. 


El origen legal de la ciudad libre de Danzig lo encontramos en el Tratado de Versalles por el cual, en 1919, Alemania reconocía su derrota frente a la Entente. Danzig había sido históricamente una ciudad alemana, que por entonces contaba con unos 400.000 habitantes de los cuales el 85 % eran de origen alemán, pero Polonia, recíén recuperada su independencia (Segunda República de Polonia), necesitaba imperiosamente una salida segura al mar Báltico. La fórmula, en buena medida impuesta a Alemania, pasaba por la aceptación del territorio de Danzig como "ciudad internacional libre", un status de protectorado que guardaba cierto paralelismo con el que se había otorgado a Tánger en Marruecos (Zona Internacional de Tánger). La protección exterior de la Ciudad Libre de Dánzig se encomendó a Polonia pero bajo la salvaguardia de la Sociedad de Naciones. Esta organización internacional, también surgida en la posguerra mundial,  se encargaba de garantizar el orden político institucional de la ciudad. Dánzig contaba con parlamento propio y constitución. No obstante, los puntos esenciales en el ámbito internacional lo determinaban las obligaciones que la ciudad libre contraía para asegurar el uso del puerto por barcos polacos, incluidos los de guerra, y el libre desarrollo a través del territorio de actividades mercantiles. Desde el punto de vista comercial Danzig y Polonia constituyeron una unión aduanera.

Aunque sin duda la solución dada objetivamente perjudicó a los alemanes de la ciudad, no obstante, su suerte fue notablemente mejor que la sufrida por otros compatriotas que pasaron directamente a ser habitantes de estados extranjeros, caso por ejemplo de los territorios o los enclaves de Alta Silesia y Prusia occidental (anexión por Polonia), Memelland (Lituania), Alsacia y Lorena (Francia), Schleswig septentional (Dinamarca) o Eupen-Malmedy (Bélgica). No obstante, en el programa revisionista del Tratado de Versalles de los nacionalistas alemanes la restitución de Danzig ocupó siempre un puesto preeminente. Esta reivindicación fue recogida especialmente por los nazis cuando llegaron al poder. En abril de 1939 Hitler pronunció un discurso en el que solicitó formalmente la recuperación de la soberanía de Alemania sobre la ciudad libre de Danzig. Los nazis, cuya influencia en el gobierno de la ciudad fue creciente, supieron agitar el malestar de los alemanes residentes contra el status quo, hecho que como podemos comprobar se recogió en documentales de propaganda. Fue así como el inicio de la invasión alemana de Polonia, con la rápida ocupación de la ciudad, fue aceptada con júbilo por la gran mayoría de la población residente en la ciudad. Los polacos (minoría) que osaron permanecer en el territorio fueron objeto de represalias. Se calcula que en las primeras semanas de la campaña murieron solo en Danzig no menos de 10000 polacos. La rápida derrota de Polonia se tradujo en el restablecimiento de la gobernación de Alemania (III Reich) sobre la ciudad y la lógica desaparición del Estado Libre. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Danzig (rebautizada como Gdansk por los polacos) volvió a ser territorio de Polonia tras sufrir una terrible devastación. La mayoría de la población de origen alemán, por temor a las represalias, huyó de la ciudad en 1945.