jueves, 13 de diciembre de 2012

De Gallipolli y la Primera Guerra Mundial (HMC)

Estamos en pleno proceso de la Webquest Memorias de África, con dos álbumes abiertos -uno de los cuales vamos a cerrar en cuestión de muy pocos días-, y con un pie en el imperialismo colonial y otro en la Primera Guerra Mundial. Una película nos ha servido para no perder el necesario equilibrio: Gallipoli (Weir, 1981). En ella podemos disfrutar de una de las primeras y más conocidas interpretaciones de Mel Gibson, y de una BSO excelente de Brian May y un profundo y nítido mensaje antibélico. 

 

 A Australia, dominio del imperio británico, llegan los ecos de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué han de hacer los territorios coloniales cuando la metrópoli entra en guerra? Lo vimos en Memorias de África: ayudar. Y si desde Kenia se ayudó al imperio británico, también lo hicieron miles y miles de soldados voluntarios australianos en una de las operaciones más complejas y a la vez equivocadas de la estrategia de la Entente durante la Gran Guerra: el desembarco de Gallipoli, la pretensión de abrir la navegación entre el Mar Negro y el Mar Mediterráneo a las flotas de guerra de los aliados y así poder suministrar directamente a la Rusia de los zares en la lucha que mantenían contra los Imperios Centrales Los jóvenes protagonistas de Gallipoli, Archie y Frank, simbolizan muy bien esa conciliación no siempre fácil de los intereses coloniales y metropolitanos. De hecho muchos historiadores reconocen que el fracaso de Gallipoli marcó un punto de inflexión en las relaciones entre la corona británica y la población australiana de origen europeo. La Primera Guerra Mundial favoreció el sentimiento de emancipación de los dominios británicos, no solamente en Australia, sino también en Nueva Zelanda y Canadá.