viernes, 18 de julio de 2008

Guerra Civil y represión (III): José Antonio Primo de Rivera

El fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, también fue víctima directa de la represión, en este caso en la retaguardia republicana. Falange, organización política de inspiración fascista fundada en 1933, había adquirido una presencia social –que no electoral- relevante entre los grupos derechistas en los meses previos al inicio de la Guerra Civil. Muchos falangistas participaron activamente desde un primer momento en la organización y el desarrollo del golpe de estado de julio de 1936. Cuando se produjo, estaba detenido en la cárcel de Alicante, pues estaba recluido por su presunta participación en el atentado contra el catedrático Jiménez de Asúa. El 17 de noviembre de ese mismo año es juzgado por rebelión militar y condenado a muerte. Redacta en la propia cárcel su testamento político y el día 20 es ejecutado.



La noticia de la ejecución de José Antonio fue silenciada durante meses en la retaguardia del bando nacional, negándose credibilidad a las informaciones que hacían referencia a tal hecho procedentes de la España republicana. Se ha considerado que tal desinformación fue interesada. En un primer momento fue promovida por Hedilla, temeroso del efecto desintegrador que en Falange podría tener la noticia de confirmarse. Más adelante, desde el Decreto de Unificación, fue más bien Franco y el círculo de poder más cercano quienes jugaron a mitificar propagandísticamente la muerte de José Antonio. Surge así el mito del "Ausente". Confirmada oficialmente la muerte en octubre de 1938, José Antonio Primo de Rivera se convierte en el mártir de la causa nacional de la Guerra Civil. Alicante cae en manos del bando nacional en 1939 y concluida la guerra se organizó un multitudinario acto de homenaje que consistió en el traslado de sus restos al Monasterio de San Lorenzo del Escorial a hombros de sus camaradas de Falange. Veinte años después, en 1959, sus restos mortales fueron trasladados al Valle de los Caídos. Allí descansan actualmente, junto a los del general Franco, en el altar mayor de la basílica.