sábado, 7 de julio de 2012

Verano de historias olímpicas: Berlín (1936) y de Olympia (Leni Reifensthal)

Historia_a_por_Todas va a dedicar algunos posts en este mes de julio a algunas reseñas históricas de las Olimpiadas modernas. A pocos días de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Verano de Londres 2012, nos sumamos a una tradición, el tratamiento histórico de acontecimientos deportivos mundiales, que nos ha ocupado en otras entradas anteriores. El buscador te puede ayudar a encontrar esos contenidos. A partir del día 27 de julio Londres se convertirá durante dos semanas en punto de atención de millones y millones de habitantes del planeta. 

A lo largo de la historia es lógico pensar que muchos de los países organizadores de eventos olímpicos han querido aprovechar el acontecimiento para propaganda. Tal vez el caso más paradigmático fue el de la Alemania nazi en el verano de 1936. Apenas tres años después de la llegada de Hitler al poder y la instauración del III Reich, los Juegos de Berlín se convirtieron en un buen motivo para publicitar al mundo la recuperación económica recién iniciada de Alemania tras la profundísima crisis de la Gran Depresión. También la convocatoria fue utilizada para tamizar las críticas internacionales por el atropello de derechos civiles que se estaba empezando a producir, en especial los sufridos ya en esos momentos por la influyente comunidad judía residente en el país. El primero de los documentales que ofrecemos en el post nos aproxima al objeto perseguido por las autoridades nazis con el uso de los Juegos Olímpicos, aportando una imagen moderna y a la vez amable de la ciudad de Berlín y sus ciudadanos.


No obstante, fue la película oficial de los Juegos, Olympia (Leni Riefensthal), la obra que mejor plasma el uso que del deporte se hizo por parte del régimen de Hitler, en particular de la superioridad de la denominada por los nazis como raza aria a la que pertenecería la nación alemana. No es la primera gran producción de Riefensthal -Victoria de la fe, 1933; El triunfo de la voluntad, 1934; Día de libertad, 1935-, pero sí tal vez la más de la cineasta fuera de Alemania. Se divide la obra en dos partes: Festival de las Naciones y Festival de la belleza (1938). En Olympia hay, desde el punto de vista argumental, un intento propagandístico muy claro a favor del nazismo, pero la película tiene además valores técnicos innegables. De hecho fue la primera película oficial de unos Juegos Olímpicos -costumbre recuperada tras el paréntesis olímpico por la Segunda Guerra Mundial con los Juegos de Londres de 1948- y una de las primeras en las que se utilizaron tomas en cámara lenta y notables avances en producción.