lunes, 8 de julio de 2013

Nuevos estados europeos del siglo XX: la República independiente de Eslovaquia de monseñor Tiso

Fuente: Wikipedia

En verano Historia_a_por_Todas normalmente dedica una serie de posts a alguna categoría de hechos poco conocidos pero relevantes de Historia contemporánea. El año pasado, por ejemplo, nos ocupamos de los orígenes de las empresas automovilísticas y las prodigiosas historias personales de sus fundadores, hoy apellidos muy conocidos de afamadas marcas del mundo del motor. Este verano, revuelto de nacionalismo en y fuera de España, en Europa, nos vamos a dedicar a una corta caracterización de lo que podemos denominar estados fallidos europeos del siglo XX de base nacionalista, estados que nacieron en una situación crítica, normalmente asociados a una coyuntura bélica (posguerra de la Primera Guerra Mundial, ocupación del Eje durante la Segunda Guerra Mundial...) o al desmoronamiento del bloque soviético al final de la Guerra Fría…. La mayoría se corresponden a regímenes políticos desaparecidos, incluso algunos de estos estados ya no tienen continuidad territorial independiente, otros sí. Hoy la serie la iniciamos con uno que, aunque existe hoy, la República de Eslovaquia, no es continuidad histórica del que vamos a estudiar, la República Independiente de Eslovaquia o EstadoEslovaco, estado títere del III Reich que surge tras la desintegración de Checoslovaquia en 1939 y la creación, en la parte checa, tras la anexión de los Sudetes a Alemania, de los protectorados de Bohemia y Moravia.

El Estado Eslovaco se proclamó oficialmente como república independiente en julio de 1939 y tuvo como presidente al dirigente colaboracionista nazi monseñor Josef Tiso. Éste, de hecho, había huido meses antes a Alemania por diferencias con las autoridades centrales de Praga que se resistían a la todopoderosa influencia nazi y especialmente a la anexión de los Sudetes, finalmente sin éxito. De hecho Hitler fue el gran protector de Tiso. Apoyo la secesión de Eslovaquia de Checoslovaquia en marzo de 1939 y la creación de este estado títere. Con él, Hitler otorgó un status relativamente privilegiado a los eslovacos que, en buena medida, se habían sentido dominados u oprimidos por los checos durante el periodo de entreguerras. Moravia y especialmente Bohemia eran países más ricos, prósperos e industrializados que Eslovaquia. También entre los eslovacos la influencia de la Iglesia católica era mayor, a diferencia de Chequia, sociedad más secularizada. Hitler coqueteó con la idea de una anexión de Eslovaquia por parte de Hungría pero finalmente accedió a la creación de este estado satélite que, en cualquiera de los casos, fue el primero de base exclusivamente eslovaca en la historia. No obstante, el nuevo estado tuvo que aceptar la cesión, nada más constituirse, de una parte de su territorio (Rutenia Transcarpática) a Hungría. También tuvo sometida al III Reich su política exterior y de defensa. El instrumento legal para ello fue el Tratado de Protección Mutua entre el Imperio Alemán y el Estado Eslovaco. Desde esta posición de subordinación, Eslovaquia participó en las principales campañas bélicas del III Reich en Europa oriental, particularmente en la campaña de Rusia, con una contribución de segundo orden.


Desde el punto de vista interno, el nuevo estado se constituyó como un régimen dictatorial de partido único, el Partido Popular Eslovaco, de orientación ultraconservadora, nacionalista, confesional católica y fascista, con importantes semejanzas en aquella época con el régimen de los ustachas en Croacia, de Petain en la Francia de Vichy o del propio Franco en España (nacionalcatolicismo). El régimen de monseñor Tiso destacó por su política antisemita, de persecución de los judíos, pero también de otras minorías étnicas como los gitanos y los checos. La Guardia de Hinkla, organización paramilitar dependiente del Partido Popular Eslovaco, fue el brazo ejecutor de algunas de las acciones más cruentas de represión y exterminio. El antisemitismo, inicialmente algo más moderado que en el III Reich, pronto se intensificó. A partir de 1941 la abundante población judía del país fue recluida en ghetos para, posteriormente, ser deportada a campos de concentración y exterminio, aunque el gobierno eslovaco quiso dar la apariencia, en complicidad con las autoridades alemanas, que esos traslados eran a fábricas de armamento del III Reich en Polonia. Se calcula que unos 60000 de los 70000 judíos eslovacos murieron. Las presiones externas, especialmente del Vaticano, fueron determinantes para en buena medida detener esas deportaciones entre 1942 y principios de 1944, para nuevamente reanudarse con fuerza tras el fracaso del levantamiento popular antifascista del verano de 1944. Entonces los alemanes entraron en el país y se establecieron de forma permanente, para sofocar el alzamiento a petición de Tiso, y la independencia del estado eslovaco fue meramente formal hasta que en enero de 1945 se produjo la definitiva ocupación por el Ejército Rojo.

La suerte de los dirigentes eslovacos colaboracionistas fue particularmente cruenta. Tiso y su gobierno se entregaron en Austria a las fuerzas norteamericanas pero fueron extraditados a las nuevas autoridades de la recién reconstituida República de Checoslovaquia, donde desde un primer momento la influencia comunista fue considerable. Fueron juzgados como criminales de guerra, buena parte de ellos condenados a muerte y ejecutados, Tiso incluido (1947). También la minoría alemana del país, que había gozado de grandes privilegios durante la época de dominio del III Reich, sufrió persecución desde el levantamiento popular de 1944. Muchos murieron y otros huyeron hacia el oeste. Prácticamente todos perdieron sus propiedades inmobiliarias en el nuevo orden impuesto por los soviéticos tras la guerra.