jueves, 28 de julio de 2011

"Váyase, señor González"


Continuamos con nuestra serie vacacional de frases famosas de la historia política española de los últimos cincuenta años, y lo hacemos con una relativamente reciente, de la primera mitad de la década de los noventa del siglo pasado, "Váyase, señor González", pronunciada por el entonces líder de la oposición y presidente del Partido Popular, José María Aznar, y dirigida al entonces presidente del gobierno, Felipe González.

Vivimos meses de fuerte controversia política en España, principalmente a partir de las críticas que se cruzan los dos grandes partidos políticos españoles, uno en el gobierno, otro en la oposición. En un sistema de democracia parlamentaria es un escenario relativamente normal, más allá de la repercusión mediática de alguna declaración altisonante. 

Hace algo más de década y media, PSOE y PP, en las mismas posiciones actuales, gobierno del Estado y oposición, se encontraban también inmersos en un fortísimo cruce de acusaciones. La España de la última legislatura de gobierno del PSOE con Felipe González como presidente, estuvo caracterizada por la existencia de una muy aguda crisis económica y el descubrimiento de algunos casos graves de corrupción (FILESA, Luis Roldán, Ibercorp...) y de guerra sucia contra el terrorismo de ETA por parte del estado (GAL). La oposición, entonces liderada por el Partido Popular de José María Aznar, aprovechó la situación para lanzar una muy fuerte campaña de erosión al gobierno. Este último se resistía a perder las elecciones, y a que la impopularidad  creciente del PSOE acabase desembocando en una derrota electoral. Fue esa campaña de acoso del PP y Aznar al gobierno la que en buena medida quedó caricaturizada por unacorta y muy contundente frase del líder popular pronunciada en el Congreso de los diputados: "Váyase, señor González". Para los seguidores del PP, era la expresión de una necesidad supuestamente sentida y percibida por la mayoría de la sociedad; para los socialistas, un enunciado simplista que encerraba la ausencia de ideas alternativas para la gestión del país y las ansias desmedidas de tomar el poder. En todo caso la frase fue exitosa, precisamente porque fue utilizada a conveniencia tanto por el autor y sus seguidores, de una parte, como por los supuestos destinatarios, de otra.