domingo, 27 de junio de 2010

Fútbol e Historia: de la victoria de Alemania Occidental en el Mundial de 1954 o "El milagro de Berna"


Seguimos con "Fútbol e Historia", en estos días de Mundial, y hoy nuestra contribución recuerda un hito deportivo "histórico" para Alemania: su victoria en el Mundial de 1954 celebrado en Suiza. Alemania ya ha sido protagonista de nuestra serie, tanto como organizadora (República Federal) del Mundial de 1974 como protagonista (República Democrática Alemana) de la gran sorpresa de ese torneo al vencer contra todo pronóstica a sus compatriotas occidentales. Veinte años antes, la RFA fue la selección revelación del mundial. Los alemanes lograron la victoria final al derrotar a la entonces reputada como mejor selección del mundo, Hungría, por 3 a 2, en un partido celebrado en Berna.


Fue este triunfo, igual que otros mundialistas, un acontecimiento con marcadísimo sentido político. Alemania acaba de salir derrotada de la Segunda Guerra Mundial y su orgullo nacional estaba profundamente herido, especialmente por la división a la que fue sometida por los aliados a su conclusión. De hecho su representación deportiva internacional, igual que su subsistencia política bajo la forma de dos estados separados y diametralmente opuestos en lo ideológico, estuvo seriamente comprometida durante años. En 1954, no obstante, la selección de fútbol de la recién creada República Federal Alemana, participó en el Mundial y ganó.

Los partidos de la selección alemana de fútbol fueron seguidos por la radio, medio que, a falta de la generalización de la televisión en Europa, era el utilizado comúnmente para seguir este tipo de acontecimiento deportivo. El mito de esta selección ha sido recogido en una excelente película, El Mito de Berna (Das Wunder von Bern), dirigida por Wortmann (2003). La cinta nos descubre el hecho y especialmente el ambiente social del momento, de las sensaciones encontradas de frustración y esperanza de un país marcado por la muy reciente guerra y división. Destaca la presentación de la enternecedora historia de liberación y descubrimiento personal de un chaval de 11 años que tiene, como otros muchos a esa edad y época, su ídolo en Helmut Rahn, el jugador que logró el gol decisivo en la final, pocos minutos antes de su conclusión.