martes, 29 de enero de 2008

El Schindler español: Ángel Sanz Briz



Éstas son imágenes muy conocidas de la película La Lista de Schindler (Spielberg, 1993) que reproducen la matanza de judíos de Cracovia perpetrada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Lamentablemente no fue un progrom aislado: 6 millones de judíos murieron víctimas del genocidio que los nazis quisieron perpetrar para borrar a los hebreos del nuevo orden mundial y que por fortuna no pudieron crear al ser derrotados por los aliados en la guerra.

España tuvo también su Schindler. Es mucho menos conocido pero ni mucho menos su mérito es inferior: Ángel Sanz Briz. Fue Encargado de Negocios (diplomático) en Budapest y afrontó a finales de la Segunda Guerra Mundial la labor de representar la España de entonces, simpatizante del Eje, en una Hungría ocupada por los nazis y gobernada por los cruz flechados, fascistas magiares colaboracionistas con la ocupación. En ese contexto, no precisamente cómodo, Sanz Briz desarrolló una labor heroica: salvar de la deportación a los campos de concentración a miles de judíos, algunos de ascendencia sefardí, sin que mediase orden alguna del Gobierno de Franco, al que servía, y usando medios económicos y materiales propios. Se estima que unos 5.000 judíos húngaros deben su vida a la protección que en ese momento les otorgó la embajada española a través de argucias verdaderamente rocambolescas, como la de extender la condición de sefardíes a muchos judíos de origen no español, y con grave riesgo para su vida y la de sus colaboradores. En esa tarea contó con la ayuda principal del comerciante, voluntario italiano durante la Guerra Civil, Giorgio Perlasca, protagonista junto al diplomático español de la película Cónsul Perlasca (Alberto Negrín, 2002), que relata bastante bien la peripecia personal de ambos personajes. Los dos sobrevivieron pero otros “heroes diplomáticos” de Budapest corrieron peor suerte, entre ellos el sueco Wallenberg, que según las investigaciones más fidedignas fue deportado secretamente por los soviéticos a Siberia donde se le hizo desaparecer.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, la Dictadura de Franco, en su afán de hacer olvidar su pasado de colaboración –no beligerancia- con el Eje, publicitó la labor de protección de judíos en Europa de Sanz Briz y otros diplomáticos españoles, atribuyéndolas a la voluntad última de Franco. Las investigaciones más acreditadas más bien lo desmienten: dominó la indiferencia del régimen ante la persecución judía, bien es cierto que no colaboración. Sanz Briz y su historia se fue apagando por interés político y por la enorme discreción del personaje. Tras su muerte, en 1980, poco a poco su memoria ha empezado a ser recuperada gracias a algunas publicaciones, reconocimientos y distinciones honoríficas, tal vez la más relevante, la otorgada por el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel como Justo entre las Naciones.



La Historia de Sanz Briz es la historia de un hombre heroico. En un mundo como el actual, donde la guerra y la persecución del adversario sigue siendo triste argumento histórico, Ángel Sanz Briz nos descubre lo mejor de la condición humana: la radical defensa de la dignidad humana frente a la barbarie. Cuando otros miraron a otro lado por indiferencia, temor, incluso por convicción…, hubo unos pocos que salieron al encuentro y combatieron la injusticia y la maldad infinita, con riesgo gravísimo para sus vidas, carreras…, y sin obtener nada más a cambio que la discreción y la serenidad de espíritu y conciencia que las circunstancias que vivían les negaban. A todos ellos, gracias, por mantener viva la llama de la dignidad humana en las circunstancias más extremas.


1 comentario:

Jorge Fernández de Córdoba dijo...

Angel Sanz es un heroe español poco conocido. Muy buena idea la de este profesor de instituto de rendir su memoria para que sus alumnos sepan lo que fue el holocausto.