jueves, 14 de febrero de 2013

De la "División Azul", la "Escuadrilla Azul" y la "Legión Azul"; y de cine: "Embajadores en el infierno" y "Silencio en la nieve" (HMC) (HE)


Estudiamos en clase la política exterior del franquismo y difícilmente podemos hacerlo sin reparar en la  participación más directa y significativa de militares españoles en la Segunda Guerra Mundial, el envío de la División Azul al este de Europa. Cuando Alemania invadió la Rusia soviética en el verano de 1941, la dictadura franquista envió miles de voluntarios falangistas. La División Azul que quedó integrada como la 250 división de la Wehrmacht, eso sí, bajo mando directo de militares españoles. La División Azul llegó a movilizar 46000 hombres y estuvo al mando de los generales Muñoz Grandes y Esteban Infantes. Participaron los legionarios en el sitio de Leningrado, la batalla de Volkhov, la acción del lago Ilmen y la batalla de Krasny Bor. Las circunstancias de combate, principalmente en medio del rigurosísimo invierno ruso, fueron muy duras, y su actuación fue objeto de elogio por los jerarcas nazis. También pilotos españoles lucharon en Rusia junto a la Luftwaffe, la denominada Escuadrilla Azul, al mando de Ángel Salas Larrazabal. Un documental de guerra nazi recoge escenas de un acto de la Escuadrilla Azul. 



En 1943 Franco retiró del frente a la División Azul pero un grupo relativamente nutrido de españoles siguió luchando junto a los alemanes, la mayoría inicialmente integrados en la denominada Legión Azul, que se disuelve en febrero de 1944. A partir de ese momento los españoles que siguen combatiendo junto al Eje lo hacen a título individual como soldados extranjeros, algunos incluso integrados en las SS. Al concluir la guerra, en un contexto político internacional muy hostil hacia Franco y su dictadura por parte de los vencedores, la repatriación de combatientes y prisioneros fue particularmente difícil. Sin duda la más compleja fue la de los prisioneros divisionarios que sobrevivieron en los campos de internamiento de la URSS. Gracias a gestiones de la Cruz Roja internacional, pudieron regresar a España en 1954. Su llegada a Barcelona a bordo del buque Semiramis fue también motivo de propaganda para el régimen de Franco.



Un muy interesante documental de TVE, "El último soldado", recupera la memoria de aquellos sucesos, particularmente a partir del testimonio de cientos de familiares de caídos que desde finales de los noventa se han desplazado a Rusia para recuperar los restos de sus parientes enterrados en cementerios situados en el que entonces fue frente de batalla, y trasladarlos a España. Aunque no hay cifras exactas se estimaba que unos 5000 españoles divisionarios murieron. 



La propaganda franquista exaltó sobremanera la participación de la División Azul en la guerra, eso sí, a partir de la posguerra mundial, circunscribiéndola a la particular lucha del régimen contra el comunismo, de desquite por la ayuda soviética al bando republicano durante la Guerra Civil. El argumentario franquista, principalmente desde la batalla de Stalingrado, subrayó la interpretación de que España estaba enfrentada a la URSS, no a los aliados en su conjunto, durante la Segunda Guerra Mundial. Obviamente, al concluir la guerra, los aliados occidentales fueron, al menos inicialmente, poco receptivos a esa justificación. La película Embajadores en el infierno (Forqué, 1956) es un muy buen ejemplo de eso propagandístico de la División Azul. Otra película mucho más reciente, Silencio en la nieve (Herrero, 2011), basada en la novela de Ignacio del Valle titulada El tiempo de los emperadores extraños, ha recuperado para las jóvenes generaciones el recuerdo de uno de los más singulares episodios de la historia española del siglo XX, de hecho, prácticamente la única participación militar española directa en un conflicto bélico internacional a gran escala. Un recientísimo número de la revista Cuadernos de historia contemporáneo, dedicado monográficamente a la División Azul, aporta información actualizada y de interés, con aportaciones de los más importantes especialistas como los profesores Moreno Juliá y Núñez Seixas entre otros.




En un próximo post nuestra atención reparará en los otros españoles, los republicanos en el exilio, que en el bando opuesto de la Segunda Guerra Mundial, también participaron activamente en el conflicto.