martes, 16 de octubre de 2012

Magnicidos anarquistas en la España de la Restauración: Cánovas, Canalejas y Dato (HE)


En esta semana cerramos el primer bloque de contenidos con los exámenes en los dos grupos de Historia de España, y nos adentramos en el estudio del reinado de Alfonso XIII. Tras el Desastre del 98 nos deslizamos por el tobogán de la larga y profunda crisis de la Restauración, que nos lleva, como primera gran parada, al golpe de estado de Primo de Rivera (septiembre de 1923), y como segunda y definitiva, a la caída de la monarquía y la proclamación de la Segunda República (abril de 1931).

   

Durante estas últimas sesiones de clase hemos deparado bastante en el estudio del movimiento obrero de la Restauración en España. Básico, sin duda, en este sentido, la enorme pujanza del anarquismo, principalmente en Barcelona y el campo andaluz, entre jornaleros. Aunque la mayor parte del anarquismo español optó por la vía sindicalista (anarcosindicalismo), el recurso a la "acción directa" (violencia, atentados...) también tuvo una notable presencia. Entre los atentados anarquistas, especial significación tuvieron siempre los magnicidios, o sea, cuando la víctima mortal de los atentados eran autoridades públicas del más alto nivel. Fueron blanco favoritos del anarquismo, sin duda, militares y eclesiásticos, pero también dirigentes políticos. Cánovas murió víctima de un atentado terrorista perpetrado por el anarquista Angiolillo en el balneario de Santa Águeda (Mondragón, Gipuzkoa) en 1897. También murió, tiroteado por el anarquista Manuel Pardiñas, el que también fue presidente del gobierno, éste del partido liberal, Canalejas, en noviembre de 1912. La película documental que podemos ver en esta entrada del blog recrea el hecho, acaecido en las proximidades de la Puerta del Sol de Madrid. Pero no fueron éstos los únicos magnicidios anarquistas. De hecho un tercer presidente del gobierno también fallece víctima de un atentado anarquista: el conservador Eduardo Dato, en marzo de 1921, en la Puerta de Alcalá. En este caso también fueron anarquistas los responsables del magnicidio: Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch. 

De hecho, la violencia anarquista y patronal, el pistolerismo (enfrentamiento entre activistas anarquistas y pistoleros profesionales contratados por la patronal catalana), fueron una de las justificaciones aportadas por el general Miguel Primo de Rivera, como Capitán General de Cataluña, para dar el golpe de estado de 1923.