martes, 13 de septiembre de 2011

Nuevas sugerencias de cine histórico: "El último emperador" y el imperialismo colonial y la descolonización en Asia



Nuevas propuestas de cine en nuestro proceso de construcción de la línea del tiempo de cine histórico que nos ocupa durante las últimas semanas en Historia_a_por_Todas. Abandonamos momentáneamente la Segunda Guerra Mundial y nos adentramos en el imperialismo colonial y la descolonización de Asia, tema no siempre fáciles de abordar y sobre los que hay algunas buenas películas de contenido histórico. Hoy nos detenemos en El último emperador (Bertolucci, 1987).


El último emperador nos acerca a la vida de Puyi, quien ocupó el trono imperial chino por última vez, entre 1908 y 1912, bajo el título de emperador Xuantong. Con apenas seis años fue destronado pero mantuvo algunos de los privilegios de la dignidad imperial durante el periodo de la República China, residiendo en la Ciudad Prohibida . La película refleja muy bien la extraña vida del joven emperador, confinado, a la vez que también nos aproxima a la situación de presión y sometimiento a la que estaba sometida China por las potencias occidentales. Puyi recuperó enorme protagonismo cuando los japoneses, oportunistamente, recuperaron su figura para situarla a la cabeza de un estado títere instaurado en Manchuria, entre 1934 y 1945. Se le atribuyó el título de emperador Manchukuo, aunque de hecho fueron los japoneses los que mantuvieron el control político del estado. Dominación europea, dominación japonesa, final de la Segunda Guerra Mundial, con la ocupación soviética de Manchuria y la caída de su imperio. La vida de Puyi se ve sometida a un nuevo y muy grave revés, pero la conserva. Las autoridades comunistas, que acaban imponiéndose en la Guerra Civil china, confinan a Puyi en la prisión de Fushun. Allí permanece entre 1949 y 1959, sometido a un proceso de "reeducación". Libre, Puyi trabajó en el Jardín Botánico de Pekín, y posteriormente en la Biblioteca Nacional de la ciudad. También su pensamiento político se acomodó a la circunstancia de dominación comunista del país y se convirtió en un seguidor de Mao y su comunismo, o sea, de quienes lo persiguieron durante décadas. La vida del último emperador de China simboliza en buena medida los vaivenes políticos y las profundas contradicciones de la China del siglo XX.